TÚ AUTOESTIMA

Cuando alguien sin querer,
por algo te menosprecie,
nunca le des el placer,
que destrocen tu autoestima,
sin tener razón de ser.

Ni sufras remordimientos,
por no ser muy agraciada,
que la belleza en la rosa,
tan solo dura un suspiro
y se muere deshojada …

Di que la belleza ¡Es nada…!
por si alguien te lastima,
que el alma no tiene espejos,
pero las buenas acciones,
son las que Dios predomina

Hay quien en su fealdad,
profiere mil maldiciones,
¡Que pena que no se entere!
que la belleza más grande,
Está en nuestros corazones…

Carmen Patiño Fernández

21 Consejos para despertar tu alma y sacudir tu vida

1. ¡No sobrerreacciones!: Te hagan lo que te hagan, te digan lo que te digan, te adulen o te agredan, solamente deja fluir y NO sobrerreacciones. Así cortarás el Karma que envuelve dicha agresión, y la energía del universo fluirá para tu perfecto bien. ¡Serás compensado!

2. Practica el desapego en todas sus formas: Todo es temporal, momentáneo. No puedes controlar la desaparición, muerte o extinción de personas u objetos. Aceptar éste hecho te quita un gran peso de encima!

3. Viaja liviano de equipaje: No te impongas mochilas en la espalda, ni cargues con pesados lastres. Sólo acepta llevar lo indispensable en este viaje que se llama Vida.

4. Otorga el perdón a todos: No te envenenes el corazón con odios ni rencores. ¡Aprende a domar tus dragones! El que se daña eres siempre tú mismo, y mientras tanto, el mundo sigue girando y tú eres quien se enferma.

5. Enamórate de la vida: Ama todo lo que el universo contiene, desde una pequeña oruga hasta un imponente árbol. Sé un apasionado de tu hoy, de tus mañanas, de tus tardes, de tus noches. ¡Ama tu vida!

6. Toma consciencia de tus actos: Cada paso que des, a cada momento, hazlo desde el Ser, desde la conciencia, no desde el pensamiento que siempre está condicionado por el ego.

7. Vuélvete “Presencia”: Permanece en el aquí y el ahora. Enfoca tu vida en el momento presente como si no tuvieras pasado, ni memoria, como si no tuvieras futuro.

8. Recuerda que “Morirás”: No lo recuerdes un día, ni una semana, ni una temporada. ¡Recuerda para siempre que morirás! Es inevitable, tu cuerpo físico morirá, así que no te aferres a nada.

9. Acepta no saber qué pasará mañana: Vuélvete un nuevo SER cada día, renuévate como la vida misma. Quítale el polvo a tus pensamientos viejos y recíclalos. Invéntate de nuevo en cada amanecer. ¿Quién dijo que eres el mismo?

10. No eres tus pensamientos: Eres ese ser que reside en la intimidad de tu alma, donde eres infinitas posibilidades y versiones de ti mismo. No te limites escogiendo sólo una de esas opciones que eres. Sé todas las posibilidades, permanece en un estado de conciencia sin elección.

11. Que el amor sea tu lema, tu estandarte y tu guía: Que sea el punto de partida y el de llegada. Pero que sea sobre todo el camino. Vuélvete el amor, renunciando a las mentiras del ego, y abrazando tu alma.

12. Amígate con tu historia: Es la única forma de curar tus traumas. Es lo que ES. No seas terco tratando de modificar algo que ya ES como es.

13. Medita: Reza, cuida tus espacios y tu entorno de soledad y de silencio. Aprende a Programarte cada noche para tener un día siguiente mágico!

14. Aún estás vivo: Aún hay tiempo para disfrutar de este maravilloso mundo, encontrar tu camino y la razón por la que estás aquí. No te quejes, no te lamentes, da las gracias porque estás vivo.

15. No pienses tanto: Detén esa mente que escudriña, analiza, revisa y juzga todo. Esos constantes y repetitivos pensamientos, son más de lo mismo, ¿Acaso no lo ves? Desde allí, desde esa lucha interior de tu mente, nada cambiará.

Tus pensamientos sólo te producen ruido y entretienen, pero no resolverán ni crearán nada. Usa tu cerebro para cosas puntuales como tu trabajo y aquellas actividades que requieran pensar… El resto del tiempo sólo “Sé”.

16. Elige siempre la salud: En tus alimentos, en tus pensamientos, en tus emociones, en tus relaciones, en tu mirada, en tus acciones, en tus palabras, en todo elige ser sano. Naciste sano, no elijas enfermarte.

17. Confía en Dios /Universo: Ten fe. Trata de conocerte a ti mismo.

18. Emprende el mejor viaje que puedas realizar: Es el viaje de regreso a ti mismo. Ese viaje que es tu mejor aventura y es también tu conquista y tu legado.

Eres muy importante. Puede ser que seas sólo una gota en el océano, pero sin esa gota el océano está incompleto. Vacío de ti. Has sido creado por algo. Averigua el por qué.

19. Ayuda a los otros a encontrar su camino: No hay mejor regalo, no hay mejor amor. El servicio es alegría.

20. Sé feliz en todas las circunstancias de tu vida: Tú no eres tus circunstancias. No te identifiques con tu historia. Regresa a la fuente de la felicidad que es tu alma.

21. Que tu vida sea un testimonio: Un milagro, un canto de esperanza, un granito de arena, una voz de Amor.

Fuiste el mejor libro de autoayuda

Que no, que no pienso arrepentirme de cuánto te he querido,
que no pienso arrepentirme porque te quise lo más que pude, como yo sé querer,
que soy humana, que cometo errores y lo admito,
y tú fuiste el error más bonito de cometer,
aunque siempre te consideraré la opción más acertada.

Que no pude dar más, porque por mi parte lo di todo,
y si no funcionó, quizá es que no tenía que funcionar,
o quizá sí pero no era el momento
y en un futuro nos volvamos a encontrar,
más heridos, más mayores, y no hablo físicamente,
con más hostias dadas, pero más sabios
con más ganas de comernos el mundo
y de nuevo a nosotros.
Que me creaste las mejores heridas que he tenido,
que me enseñaste a saber amar de verdad,
que me subiste al cielo, estando a escasos metros del suelo,
entre sábanas, entre tu cama, entre besos.
Que me cogiste de la mano, cuando todo el mundo me había soltado
y fuiste refugio, salvavidas y hogar.

Que por más que quiera, no voy a poder olvidar tu manera de salvarme,
tu manera de anteponerme a todo, incluso a ti,
tu manera de presumir de mí, aunque siempre creí que no había nada por lo que hacerlo.

No voy a poder olvidar tu manera de mirarme,
de hacerme el amor con esos ojitos
y sobre todo, de cuidar de mis monstruos cada noche
para que me dejasen tranquila y pudiese dormir en paz.

Que cuando me preguntan, no tengo malas palabras para ti,
porque durante mucho tiempo, fuiste lo mejor de mí.

No puedo decir algo que no creo
como que nunca más volveré a enamorarme,
porque quiero,
quiero seguir aprendiendo de la vida,
de mí
y cuando pueda,
dar entonces de nuevo un cachito de mi corazón
para que alguien más lo coja
alguien que lo merezca
y comparta conmigo las ganas de caminar a las tantas de la mañana.
Como un día lo hiciste tú.

Que no volveré a echarme en cara
todo aquello que hice mal,
porque ya no veo caídas, veo aprendizajes
y tú,

fuiste el mejor libro de autoayuda
que nadie pudo ni podrá leer.

Cía:

Amor | Para ti, que apostaste por mi cuando nadie más lo hizo.

Querido tú, sí, TÚ:

He cambiado mucho a lo largo de estos años, en especial en el aspecto afectivo. Lo pasé muy mal y muchas personas me decepcionaron, así que decidí que era mejor ceñirse a lo racional. Pero eso ya lo sabes, porque me conoces de verdad. Y me conoces porque un día, sin ser consciente de ello, decidiste que yo merecía la pena. Y poco a poco fuiste dándote cuenta de que yo no soy ni la mitad de fuerte de lo que puedo aparentar. Empezaste a ver que no era una persona ni tan fuerte ni tan entera como pretendía ser. Todo lo contrario, estaba completamente rota, pero tenía puesta una coraza que me hacía aparentar fortaleza.

Aún así, sabiendo lo débil, insegura y extremadamente sensible que podía llegar a estar en determinados momentos, te armaste de valor. Decidiste que yo no era nada de eso. Y que todo lo que se rompe se puede arreglar. Pieza por pieza y con mucha delicadeza. Decidiste que yo podía ser fuerte.

Pero no ha sido un camino fácil. Era una coraza de muchos años. Pesaba mucho. Demasiado. Era una gran carga que yo decidí llevar. Una gran carga formada por opiniones, miradas, insultos, gestos y palabras de personas que -ahora sé- que el tiempo pondrá en su sitio. Fui llenando el saco más y más. Esto no lo sabes, pero cada vez que me has dicho una palabra buena de mí, una mala del saco desaparecía. Día tras día, la carga iba pesando menos. Me iba recomponiendo.

Es lógico: Si llevas muchas piedras, te rompes, te haces heridas. Y por mucho que se cierre la herida, si sigues llevando piedras, te vuelves a romper.
Pero si te curas, y poco a poco vas vaciando la bolsa, cada vez hay menos peso, y por tanto, menos heridas abiertas. Y al final fueron tantas palabras buenas y tanto cariño, que las piedras malas fueron desapareciendo.

Ha sido lento, necesitaba que fuese así, poco a poco. Y en el camino siempre ha habido alguien justo detrás de mí. Para pegarme un pequeño empujón hacia adelante, para abrirme los ojos una vez más y hacerme ver que todos cometemos errores, y que no son nuestros errores los que nos definen, sino nuestros buenos actos.

Sí. Lo reconozco. Lo admito y no me avergüenzo de ello. He estado asustada. Sí, he tenido verdadero miedo estos años. Miedo a quitarme esa carga y mostrarme tal y como verdaderamente fui hace muchos años, miedo a que algo o alguien fuese a romperme de nuevo. Miedo a que todavía no fuese lo suficientemente fuerte como para sentir y creer de nuevo, sin miedo.

He tenido miedo de las personas, de volver a creer en ellas. Miedo a aceptar que verdaderamente existe gente buena. Personas que sin pedir nada a cambio, intentan sacar lo mejor de ti. No me lo creía. Y esa es tu mayor virtud, ¿sabes? Haces mucho más de lo que imaginas por los demás. Y no me digas que no. Porque conmigo lo has hecho.

Porque vale, sí. Todo pasa por algo. Y estoy segura de que alguien ahí arriba decidió que, aunque yo nunca la pidiese, necesitaba ayuda. Y quiso darme la mejor posible, quiso que tuviese cerca a personas realmente buenas. Y poco a poco, me fue metiendo en tu vida. Sin que ni tú, ni yo nos diésemos cuenta. Y de repente, sin saber cómo, cuándo, ni por qué, decidiste apostar por mí.

Escrito: Candela Duato

Siempre he sido yo

Siempre he sido de tropezar mil veces con la misma piedra, sabiendo que puedo apartarla.
Siempre he sido de amar los desastres,
y eso,
que no es muy fácil convivir con uno día a día.

Siempre me he llevado bien con los huracanes, dicen, que si estás dentro de ellos, no te afectan.

Siempre he sido de ir a contracorriente,
de amar lo imposible,
de intentar volar con las alas quebradas.
Hace muchísimo tiempo que se rompieron.

Siempre he sido de decir que no, de vestir de negro,
de no arriesgarme por miedo a la caída
y sobre todo,
de no saber querer.

He perdido a muchísimas personas, que por suerte o por desgracia, ahora están mejor sin mí y qué putada.

He perdido a esas personas por preferir que mi orgullo quedase intacto.
Por no ir corriendo tras ellas y decirles “Quédate”,
por elegir la soledad a un instante,
aunque fuese,
de felicidad.

Los domingos están hechos para echar de menos,
para romperse uno mismo un poquito más y después coger los pedacitos del suelo y abrazarlos como a tu peluche favorito en el sofá.

Siempre he sido de decir la verdad por mucho que duela,
porque yo,
prefiero los sincericidios, que las mentiras envueltas de flores.

Siempre he sido de escribir de madrugada,
de llorar a escondidas y de mostrarme fuerte ante los demás,
de buscar soluciones antes que excusas,
de enamorarme de imposibles y hacerlos posibles acariciándoles las penas y susurrándoles un “Todo irá bien”.

Siempre he sido de blanco y negro,
sin grises de por medio,
aun sabiendo que la mezcla de ambos es la solución.

Siempre he sido de buscar respuestas incluso sin conocer las preguntas y de perderme donde nadie pudiese encontrarme.

Siempre he sido yo,
con la sonrisa rota
libreta y bolígrafo en mano
y los sentimientos plasmados en el papel.

Siempre he querido irme
pero nunca alejarme,
siempre he anhelado la felicidad,
pero sin tristeza
no se vive.

Y yo,
yo estoy muy viva.20130819_120142

Cía:

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